Divorcio y mascotas: ¿quién se queda con el perro?

La estrecha relación del ser humano con determinadas especies animales se remonta a tiempos inmemoriales. Ya en la Prehistoria encontramos ejemplos de la colaboración entre hombres y canes domesticados. Tal vinculación ha ido consolidándose con el paso del tiempo, manteniéndose intacta hasta el presente. En la actualidad, prácticamente la mitad de los hogares españoles -concretamente el 49,3 %- cuenta con la presencia de una mascota. Por ello, no es de extrañar que los animales domésticos sean considerados como un miembro más de la familia. De ahí, que en el caso de crisis familiar y ruptura definitiva de la pareja, cada vez más, se susciten controversias en torno a la "custodia" de la mascota familiar, como si de un hijo más se tratara. Sin embargo, no lo es. En el presente artículo analizaremos cuáles son las diferentes soluciones que pueden darse en este tipo de conflictos.

Los animales son bienes semovientes y nuestro Código Civil les atribuye el estatus de bienes muebles (artículo 334 Código Civil). Las mascotas, pues, son "cosas" y como tales son susceptibles de apropiación. Y como bienes muebles o "cosas" pueden ser, a su vez, privativos o tener carácter proindiviso o ganancial, en función del momento y el modo en el que fueron adquiridos. Así, no es lo mismo que el animal fuera comprado o adoptado por uno de los miembros del matrimonio -o pareja de hecho- con anterioridad a su celebración -o a iniciar la convivencia en común-, a que la mascota haya sido adquirida/adoptada con posterioridad a dicho momento. Tampoco es lo mismo que el animal se adquiera/adopte por uno sólo de los cónyuges o miembro de la pareja a título personal y privativo, a que se haga a título de co-propiedad junto con otra persona.

MASCOTAS

Como seres vivos que son, los animales son bienes especialmente indivisibles (artículo 401, párrafo primero del Código Civil), no se pueden dividir en partes proporcionales. Por tanto, el principal problema que se suscita cuando la unidad familiar se rompe no es tanto la titularidad sobre la mascota, a quién pertenece, sino a quién de los dos propietarios se le va a atribuir su posesión o, si se prefiere, su "custodia". Por supuesto, en caso de ser un bien privativo de una de las partes no hay lugar a discusión alguna, el animal permanecerá con su dueño.

DIVORCIOS

En el supuesto de divorcios/separaciones de mutuo acuerdo, no suele exisitir ninguna controversia. En la práctica judicial actual es frecuente que se incluyan en los convenios regularodes acuerdos detallados relativos a los animales domésticos. No sucede lo mismo en situaciones litigiosas, donde se han llegado a plantear verdaderas batallas judiciales por el derecho de disfrute de la mascota familiar, cuando ésta es un bien ganancial o co-propiedad de ambos miembros de la pareja.

Si bien algunos tribunales, pese a reconocer la importancia de la cuestión, niegan que los conflictos entorno a la tenencia de animales domésticos en común puedan tener acceso a la tutela jurisdiccional, esto es, que puedan ser dirimidos ante los Tribunales (Auto de la AP de Barcelona, de 5 de Abril de 2006 y Sentencia de la AP de León de 25 de Noviembre de 2011), no obstante, existen otros pronunciamientos judiciales que defienden lo contrario, argumentando que las mascotas, como ya hemos visto, no dejan de ser bienes apropiables y, por ende, objeto de derechos (Sentencia JPI Núm. Dos de Badajoz, de 7 de Octubre de 2010).

En cuanto a las soluciones para resolver el litigio son variadas y van desde adjudicar el animal a una de las partes, con la obligación de indemnizar a la otra (artículo 404 del Código Civil), a establecer un régimen de disfrute compartido (artículo 394 del Código Civil) que, en situaciones de ruptura familiar, al no poderse ejecutar de forma conjunta, se realizará mediante períodos  (Sentencia del JPI Núm. Dos de Badajoz, arriba citada). En caso de existir menores, como consecuencia de la estrecha vinculación que une a los niños con sus mascotas y el trauma que puede ocasionar a los primeros el hecho de separarse del animal, es habitual que se opte por que la mascota permanezca con el menor y, en consecuencia, quede a cargo del progenitor que ostenta la guarda y custodia de éste.

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