PORNOGRAFÍA VENGATIVA: SUS CONSECUENCIAS LEGALES

El avance tecnológico no sólo ha afectado a nuestra forma de comunicarnos y relacionarnos, sino también al modo de delinquir. Los medios técnicos, cada vez más, adquieren un papel fundamental en todas las facetas de nuestra vida, incluidas, aquéllas al margen de la Ley. Dispositivos electrónicos, programas informáticos, internet, etc., se han convertido en herramientas imprescindibles para cometer ciertos tipos de delitos. La delincuenca se actualiza.

En el presente artículo reflexionaremos brevemente sobre un fenómeno online que ha surgido con fuerza a nivel global en los últimos años: la pornografía vengativa o porno-venganza.

El uso generalizado de redes sociales y otros programas de comunicación ha favorecido la reinvención del modo de ejecutar determinadas vendettas. En plena Era de la Información, las represalias se digitalizan. Extender chismorreos o infundios a la antigua usanza está totalmente desactualizado.  Más aún cuando nos adentramos en el terreno del desamor. Ahora, el despecho se responde con la publicación en redes sociales, webs o programas de mensajería instántanea de una imagen o vídeo íntimo de la persona objeto de venganza, normalmente una ex-pareja. Es tal el incremento de esta tendencia, que no han tardado en proliferar páginas webs especializadas en revenge porn o porno-venganza. Sin embargo, ¿es lícito este tipo de conducta?

En España, tras la Reforma del Código Penal operada por la Ley 1/2015, de 30 de marzo, como solución para atajar el auge de esta modalidad de acoso y violencia cibernética, se modificó el contenido del art. 197 del Texto Penal.

Entre las novedades introducidas, destaca la adición de un nuevo supuesto (art. 197.7 del Código Penal), que castiga expresamente con penas de tres meses a un año de prisión o multa de seis a doce meses, la difusión de imágenes o grabaciones audivisuales de otra persona que, si bien obtenidas con su consentimiento, no obstante, posteriormente son divulgadas sin él y contra su voluntad, cuando dicha imagen o grabación lesione gravemente su intimidad personal.

Las penas se agravan cuando el delito sea cometido por el cónyuge o persona que esté o haya estado ligada al perjudicado por análoga relación de afectividad, aún sin convivencia, la víctima sea menor de edad o una persona discapacitada necesitada de especial protección o los hechos se hayan cometido con finalidades lucrativas.

A diferencia del resto de supuestos contemplados en el art. 197 del Código Penal, en el presente caso es indiferente que la imagen o grabación audiovisual haya sido obtenida con la anuencia de la persona afectada. La ausencia de consentimiento a la que alude el precepto solo atañe a su divulgación. En cosecuencia, la posterior difusión de la imagen o grabación requiere de una nueva autorización. En caso contrario, dicho acto quedará extramuros de la legalidad. 

Por tanto, incurre en delito todo aquél que difunda una imagen o vídeo íntimos de un tercero sin su consentimiento. Además, dicha conducta puede generar el nacimiento de una responsabilidad civil por daños morales. 

Si Ud. quiere recibir asesoramiento sobre este tema o cualquier otra materia relacionada con el Derecho Penal, no dude en ponerse en contacto con Kira Rompao Sánchez - Abogados, sin compromiso alguno.